martes, 17 de febrero de 2009

SECUNDARIA FEDERAL

Julio le dio la carta a Babitas. Fue su i-de-a. La carta, cursi cursi, tenía marcada un beso, un olor a perfume apestosón, y una letra que evidentemente era de mujer.

–Hermano, tienes una admiradora, –le dijo, mientras todos aguantaron acarrillarlo cuando vieron que una sonrisa le chispaba.
No se movió como por tres horas esperando a que todos hiciéramos un cagadero de burla, pero, no la sabemos, inche bab.
– ¿Y de quién es? –Preguntó, enganchado, tronando chetos.
– Ooooh, no sabemos, nos la dio, una de primero, que es para ti; que se la dio, una muchacha, que no conoce, que no pierdas, la fe, y oh, el amog.
– ¿Es una broma? –preguntó, sacando aun más esos ojos de vidrio soplado.
– No –serio serio el Julito.
– ¿Y entonces?
– Entonces qué Babitas, es tuya, así nos dijo, que de una ad-mi-ra-do-ra. Uuuuh, una admiradora. Uepa uepa galancete.
– Ya no jueguen –se hacía el que no que sí, pero la sonrisota con los dientes de ventanas abiertas no mentían: estaba emo-cionado.
– Que la lea, que la lea, que la lea –entre todos, para darle sentimiento, dramático, como si no supiéramos que decía.
– Luego –y se la guardó entre la playera y el suéter verde desgastado, que le quedaba pegado, a esa panza troncosa.
– No seas naco Babitas, es de una admiradora –aquí todos interrumpimos para animar con un: “uuuuy” – ¿Cómo te la metes en la panza?
– Luego – nos dijo, y se fue a pajearse al baño (supongo).

Babitas era un caos, un tonto y un pendejo, en ese orden, pero sabía ser buen amigo. Siempre se caía con baro cuando había que comprar balones. No había mejor defensa en la escuela que babas; un drible, una finta, un lo que fuera y nadie lo pasaba, así de abrón que nunca nos ganaban en la retas del receso ni en los torneos de campeonato de la secun en tres años de escuela. Al julo o se le ocurrió la broma. Estábamos aburridos y el puerquito era babitas, como siempre.

Después del receso tocaba clase de geografía. En esa hora, babitas se sentaba al lado de la mascafierros, una prietita que sólo le sonreía a él. La mascafierros, de la que no conocía su nombre (irrelevante claro está), a todos nos causaba asco, le decíamos que sobre los rieles había algo turbio y sospechosón como heces, gusanos de mierda pues. Omar, que así se llama el babini, no se burlaba de nadie, no lo hacía por esa suerte de tonto que lo hacía nuestro gotcha de bromas, bromas merecidas, pero que no llegaban a ser taaan seguidas por el respeto que le teníamos los delanteros en la cancha de futebole. Ya en la clase, yo, que me siento en esa hora atrás de bab, vi que sacó la carta y la leyó. La carta decía algo así:

Kerido Omar: no sabes el trabajo ke me costó concguir tu nombre. ¿Por ké dejas ke esos mensos t llamen Babitas? No lo permitas, son mensos. Djame decirt ke me gustas mucho y ke kiero conocert. Yo c ke muchas t han d dcir lo mismo, pues un gran dportista como tú no le dbn d faltar las admiradoras, pero yo soy diferent y d verdad t kiero conocr. T mando esta krta y muchoz besozz, espero ke tú también kieras conocrme así como yo t kiero conocer a ti. I love you mucho mucho.

Sabíamos que por ser la carta más cursi en tres universos a la redonda, nuestro defensa estrella se la tragaría. De todos los del equipo de fut siete, yo era el que más hablaba con babas; mi misión (que decidí aceptarla) en esta broma, era aprovechar la confianza que me tenía para poder acarrillarlo lo más posible. Saliendo de la clasecita le dije:

–Quiúbolas carnal ¿Qué dice la carta?
–Nada men ¿De verdad que no se trata de una broma?
–No no no, te sabes que con los sentimientos no se juega, y menos con alguien del equipo.
–Pero es que siempre se burlan… de mí -Ja ja, casi, casi le escupo de risa contenida .
–Pues porque te dejas soquetón, ya te dije que no permitas que esos abrones te vean la cara. ¿Cuántas veces te lo he dicho? ¿Mil o dos mil?
Se quedó callado. En el camino al laboratorio, que era la siguiente clase, mordió la de burro.
–La carta dice que es una vieja que quiere conocerme. Pero igual y es broma.
–A ver –estiré la mano para que me pasara la carta, el la sacó de entre la playera y el suéter, hice como que la leía. – Pues quién sabe, si parece letra de mujer y el perfume, cómo dudar de un perfume así ¿Y si es la mascafierros tu súper híper mega admiradora secreta? ¿Y si quiere que te la coches? –Los dos nos reímos, acabó por ese día lo de la carta con un:
–Wácala, asco.

Al día siguiente llegamos con otra carta. Le pagamos a una chavita de primero para que se la diera; le hizo el showcito de: “me la dio una de tercero, no la conozco, ni sé su grupo, ya me voy, bla bla bla, ten la carta”. Esta decía:

Omar: no puedo sperar a ke nos hablemos. Pienso todos los días en ti. Kiero abrazart. Kiero tocart y dart un gran beso. Omar: t kiero. Omar y Yo forevereando (dentro de un corazón).

No quiso mostrar la carta. Todos insistimos. Paciencia, confianza y caería. Su imagen recibiendo la carta era una carototota orgullosa, como si metiera un gol de media cancha. Igual la guardó entre su marranera y el suéter, sacaba a pasear los dientes de caballo, se hacía que no que si y bamba. En el partido del receso estuvo impecable, supremo, maestro; alguien intentó en cinco ocasiones y na nai, uno condujo por izquierda y cambió rápido de perfil y no se cómo terminó viendo sus gastado tenis, ni un gol. Después de cada tapón acertado, de cada robo que hacía, pasaba a profundidad la pelota y volteaba a ver si alguien lo miraba: sabíamos que buscaba a su “ad-mi-ra-do-ra”. Goleamos.

El viernes volvimos a tener clase de geografía. En esa hora todos aprovechaban para hacer chal, hacer otras tareas, jugar al gato, contestar el chismo; pero ese día bab prefirió: el amog. Le repetimos una dosis de cartita melosababitascómotequiero. Así pusimos:

Omar: ayer soñé contigo, pero no t voy a dcir ke hacíamos. Adivina y piensa n mí, así como yo contigo. Yo c ke hoy s viernes y no podré vert hasta la siguient cmana, he dcidido ke kiero conocrt, y dart bsos, pero tngo miedo d ke tú no kieras conocrme, tiemblo d pnsar ke no seas el chico intrépido ke veo n los partidos d tu ekipo. Por favor no seas un grosero como tus amigos. Necsito estar segura d ke me kieres conocer, así ke espro una señal tuya para acercarme a ti, algo así como ke traigas cada tenis de diferent color, anda, di ke sí mi niño hermoso. Omar: t amo, ya lo dije y no me importa. Sólo espero ke no le muestres esto a nadie. Chao guapo.

Suspiró. Me costó un trabajal aguantarme la risa. Cuándo les conté a los otros carcajearon como por diez minutos. Hicimos las apuestas sobre los tenis, dos no contra cinco si. A la salida preguntamos si estaría en el entrenamiento del sábado y se negó, dijo que iría a comprar tenis nuevos. El fin decidimos darle rumbo a la broma: la mascafierros.

Fue obvio que el lunes tuve torta y chesco gratis, estaba dentro de los cinco que apostamos a los tenis diferentes. Vimos entrar a babitas troncofky, que chancleaba un nuevo tenis acompañado de otro desgastado, agujerado, cuarteado y amarillo. Hasta se fue a cortar el cabello, ya no traía esas hebras estropajosas en la cabeza; puedo apostar de nuevo, que hasta se bañó y, siendo exagerado, que planchó su uniforme. Yo de verdad no aguanté y fui el primero en preguntarle:

–¿Qué pasó mi babitas? ¿Y esos tenis? ¿Dónde se andan usando así? ¿Paris, Australia, Londres, Barcelona, Estupilandia? –No me contestó, se fue de largo, pero lo seguimos.
–Babitas –habló Julio.
–Omar –defendiendo su nombre cómo le dijo su “admiradora”.
–Cuál Omar, Omar ni lo conozco. Ese mi babitas, qué bonitos zapatitos –ya no dijo nada el babis.
–Y te peinaste –alguien más le dijo.
–¿A qué hueles? ¿A cartitas de admiradora o es perfume?

Le echamos carrocería todo el día pero él ni se agüitaba. En el partido del receso, más soberbio no podía haber estado, se atrevió en varias ocasiones en subir a la delantera y anotó dos goles; se veía que le sentaba bien mandarle car-tas.

Esperamos a que nadie viera que nos acercábamos a la mascafierros. Le dijimos: “el babitas quiere contigo”, “no te hagas”, “anímate”, “tengan hijos”, “mejor no”, “ámense”, “dice que le gustas un buen”, “es tu último tren”, “te arreglamos una cita”, “hazle caso”, “no le rompas el corazón”, “es buen chavo”, “hasta se bañó”, “¿Si o no?”. La vieja no dijo nada, se agachaba, se volteaba, nos evadía. Esperábamos que llorara, pero no, si es una mujer bien bien macha.

El babas caminó por toda la escuela mostrando su “novedosa” combinación. Esperamos hasta el final de clases para darle una señal de su admiradora, una carta más: él no se dio cuenta pues la metimos a escondidas en su mochila. Se fue tristeando sin hablar.

Por la tarde de ese lunes, cuando estaba en mi casa, el teléfono chirrín chin chin llamada de babitas. Poco creía que me hablara, jamás lo hacía, tenía entendido que en su casa utilizaban señales de humo. A lo que iba:

–¿Qué crees?
–Ese mi fino y estimado bab ¿Qué milagrososo?
–¿Qué crees? –cortándome los buenos modales.
–¿Qué pachó?
–Qué la de las carta me ha seguido escribiendo –hasta me dio ternuris.
–¿Y qué dice? ¿Quiere un hijo?
–No juegues. Ves que hoy me fui con tenis de diferente color.
–No miames, te pasaste carnal –ahí si me reí, se lo ganó se lo ganó se lo ganó, por pendejo.
–Es que no sabes, ella me lo pidió –serio.
–Eso no se hace, quiérete tantitirritito.
–…–Silencio.
–Luego porqué nos pasamos –para que aprendiera y se pusiera las pilas.
–Men, es que me dice cosas bien bonitas.
–No seas joto babitas.
–En serio.
–¿Y qué fue lo último que te dijo? ¿O qué? Por qué tanto secretecismo de tu parte?
–Es que me ha pedido que no le diga a nadie –susurrando.
–¿Por qué susurras? –También susurrando yo.
–Se supone que hoy nos íbamos a conocer. Yo pensé que todo se había tratado de una broma pues ninguna mujer se me acercó en todo el día. Pero hace rato que saqué los libros para hacer la tarea, me encontré con otra carta.
–¿Qué dice? –Haciéndome como el Babitas: dejo endejo.
–Que es alguien del salón y que no me habló pues tiene miedo de que yo no la quiera.
–¿Neta? Pero ¿quién es? –Voz de sorpresa, así como: ¿Neeeta?
–No dice.
–Qué cosas carnal.
–Si. ¿Quién crees que sea?
–Ssss. Yo no te quería decir men –no reí por fuerzas supremas.
–¿Qué?
–No, no quieres saber.
–Si quiero.
–Nel, no quieres.
–Ya dime.
–Es muy feo, más bien muy fea.
–Ya dime.
–¿Seguro quieres saber?
–Si
–No, no quieres
–Si, si quiero.
–Nop.
–Yaaaa –molestamente directo.
–Pues…
–Que yaa –más molestamente di-recto.
–Es que, dicen, las, malas lenguas que, quien, quiere contigo del salón, es, tun tarán chin chan, LA MASCAFIERROS.
–… –Seco, tan seco que no podía hablar.
–Pero ya ves como se las gastan, aunque se te queda viendo.
–No manches –con dignidad –esa vieja tiene gusanos en el hocico.
–Así es.
–Pues espero que no sea ella. Nos vemos –me colgó.

Le hablé a la banda para compartir mi momento de gloria telefónica. Mañana hablaría con el babitas y le diría que los otros del equipo le estaban jugando una broma, que me acababa de enterar y que no se agüitara, como siempre. Yo, su amigo, lo salvaría como siempre.

Teníamos la hora de geografía, el profe no llegaba. Babitas no me había hablado y parecía molesto. Me acerqué.

–¿Qué pasa men? ¿Ya te dijo algo la mascafierros? –Los otros del equipo comenzaron a acercarse, perdía me oportunidad de echarlos de cabeza.
–Esa pinche bocarrieles.
Mascafierros, que estaba al lado, escuchó.
–¿Entonces no es cierto lo que me dijeron tus amigos? –Mirando a Babitas, un poco como que suplicando.
–¿Tú no me escribiste cartas? –Babitas a mascafierros con cara de: me la volvieron a aplicar.

Julio soltó una estruendosaburlonamatona carcajada. No se me olvida la cara que babitas puso. Fuuria. Me hice por instinto para atrás mientras veía cerrar uno de los puños del bab. En ese momento Omar se presentó dejando fuera al babitas. No se cuanto tiempo había dejado de ser Omar. Se vio como si hubiera sido un espejo que tronaba dejando de mostrar el reflejo de un tronco hueco. Escuché el puñetazo y el grito de Julio al mismo tiempo, a Omar no le importó: su dolor desaparecía.

La mascafierros con los ojos a punto de reventar, le dijo a Omar:

–Pero yo si te quiero.

Omar se veía como un enojo humillado. Abrió el puño y dirigió la mano hacia la mejilla de la mascafierros, cerró los ojos, la tomó suave, casi sin enojo y, la besó torpemente, primerizo. Transitó con sus labios, los rieles de los dientes de Ximena (me acabo de enterar que así se llama). Los frenillos cayeron al suelo con unas orugas, no gusanos, desamodorrándose, listas para comenzar la vigilia. Omar nos volteó a ver como si fuera un juego en la cancha, y no fuéramos parte de su equipo.
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Pues como habrán visto, este cuento, todo, es un lugar común, pero lo subí porque sé que siguen emocionados por el mes en el que estamos (cursis) y necesitan cosas como esto.

PD: Gracias a sus cuentas en el metroflog es que pude hacer algo así, se los debo.

Saludos

10 comentarios:

Fannu Terror dijo...

hahaha
qe buen cuento! es como una anécdota común a todos. esa etapa del secundario, es un desmadre..

ya volví :)
la escuela me comió un rato.

qe andes chido.

B. dijo...

Los lugares comunes tienen buen sabor a veces... y muchos gusanos en la boca. A mí me gustó y trajo buenos, buenos recuerdos.


Además, es el mes del abono y todo se pasa.

Anónimo dijo...

Me acordé de mi misma en la primaria... snif

- Sánchez Villa - dijo...

¡Ja, ja!

Unknown dijo...

xD ay que cuentos jaja yo no me acordé de la secu ni de nada jajaja creo que pasé sin pena ni gloria xDD
y la mera verdad mejor así xDD

ese isra y sus anecdotas, un saludo amigo cursi xD

Orizschna dijo...

Jajajajajaj el metroflog saca las más bajas pasiones de todos.....es abominable.
Buenas letras.

Anónimo dijo...

Otro mas con animo de ser escritor... Por favor dedicate a otra cosa...apestas

Cabrón Insensible dijo...

Jaja chido, te había perdido por tu cambio de imagen y nombre, es que he andao medio ocupado.

Doña Diabla dijo...

tu eras babitas verdad?

jajaja
oye... am... escribes como plaqueta (cumplido)

Uvé dijo...

Fannu: Así es, yo metía a mis compañeros más pequeños en los tambos de la basura.

B-to:Ya casi termina, no tepreocupes.

Annie: Algo te he leído al respecto.

Sánchez Villa: Pues si.

Antonieta: Ay amiga, no me digas cursi.

Orizschna: Creo que todos los bloggers nos quejamos del metroflog, todos.

Anónimo: Gracias por tu comentario.

Cabron insensible: suerte con tu cambio de domicilio.

Diabla: grax goei. No, al babitas lo vi hace como un año subiéndose a un camión.

Gracias por comentar en el post más largo de este blog, procuraré que no suceda.