miércoles, 10 de julio de 2013

ANSIAS DE SI MISMO I

SON NIÑOS

 Pff, el cuarto año lo cursé en una primaria diferente a la de tercero. Fue una primaria diferente porque en la que estaba antes había un niño que todo el tiempo quería pegarme y me amenazaba y y y y,  era malo. Que malisimísimo es ser el niño nuevo y estar solito esperando que uno de los que ya estaba se te acerque. En serio, fue difilisimísimo ya que todos se conocían y se llevaban bien y yo llegué a su universo de amigos desde primero de primaria y entonces inmediatamente me odiaron. Sí, me odiaron, y ellos se llevaban bien y el resultado fue que todos se unieron y todos me molestaban (aquí va una carita del whatsapp que está llorando). Cheetos, me cambiaron de una primaria porque uno me molestaba, a otra donde: TODOS me molestaban. Mis papás optaron por esa primaria ya que el maestro que iba a impartir mi curso era amigo de la familia; entonces, luego entonces mi Papi fue y habló con el maestro y le dijo que su pobre baby sufría y lloraba y llegaba a diario quejándose “Papi, Papi, los otros niños me molestan y me pegan y me odian y me odian (carita por triple again)”. Pff, inche maestro, estaba a nada de jubilarse y era un pachorrudo, buena onda pero pachorrudo y le dijo a mi Papá: “Martín, son niños”. Hijo de la jubilación (carita roja de enojo del whatsapp). Y pues ya, mi Dady se tragó su orgullo una vez y varias porque lo mismo me siguió pasando (carita de llanto y carita de sufrimiento con tristeza). Después de varias veces que mi Pa fue a tratar de que no me moquearan se cansó de: “Martín, son niños” y me dijo así como que muy solucionador “mira, si me entero de que te vuelven a pegar y no metes las manos, yo te voy a partir a gajos tu ma tu ma tu ma”, y entonces sufrí de verdad, sufrí mucho y sufrí así como un mundo pesado, un mundo de hombros sobre mi mundo que se volvió pesado y aunque no lo recuerdo debí decirle que eran muchos y que eran más fuertes y malos. Entonces me proporcionó la sabiduría Velázquez sobre peleas, algo así como el Sr. Miyagui en el Karate Kid, pero sin entrenamiento, ni demostraciones, ni filosofía, ni tampoco era tan sabia, pero a final de cuentas es la sabiduría Velázquez sobre las peleas y quien dude de su efectividad lo espero al fin de este relato para gajarles su ma su ma su ma, ¿ok? Y pues que al día siguiente llega el chavito que más me molestaba  y se me para en frente y me dice no se qué  y levanta la cabeza retándome y hace eso en las narices que los que amenazan hacen y pues ya, me acobardé como siempre y dejé que se fuera y que se sentara en su butaca y justo cuando se sentó y volteó sonriente a ver a no sé quién orgulloso de su gandallés, yo, yo reuní en mi puño derecho toda la fuerza que un niño de cuarto de primaria puede reunir y corrí hacia el litle cabroncito acá tipo Seiya en los Caballeros del Zodiaco (que en ese momento estaban de moda y eran hiper mega la mejor caris del mundo y seguro ganaron uno o mil premios Nobel) y como si fuera un “dame tu fuerza Pegaso” le sorrajé en su nariz gandalla un moquetaso que lo dejó sangrando. Ustedes pensarán que eso debió ser un perfecto estatequieto, pero, remember remember: TODOS eran súper cuates, así que lo siguiente que recuerdo fue que me encontraba esquinado en el salón sin poder escapar, rodeado por todos los niños del salón, temblando de miedo porque ahora no eran sólo los malosos los que me querían gajar mi ma mi ma mi ma, sino TODOS. TODOS, y me decían no recuerdo que pff, me decían y me decían seguramente que me gajarían mi parte de ma de ma de ma, y yo allí en la triste esquina sin poder escapar ya que “Martín, son niños”. Lo siguiente es que uno de ellos se me acercó con una cadena o unos chacos (estoy seguro que en este momento ya todos dan por hecho que estaba en una escuela de gobierno, lo cual es así mil veces cierto), se acercó y se puso a mi lado meneando en infinitos su artefacto madreador y les dijo a los demás algo así tipo “bueno, ya estuvo, el que quiera pegarle primero va conmigo” y me dejaron, por ese día. Ese chavo a quien después de la primaria no he vuelto a saber de él también se llama Martín, y verdad de Dios nunca pude romperle su máiz, porque después de ese día mi estancia en la primaria se volvió un darme en la ma en la ma en la ma con todos, incluyéndolo. De verdad o de juego me peleé con todos (excepto con el más ñoño que no rompe mi relato ni se vuelve una excepción porque estoy seguro que a estas fechas es un gay hiper declarado y fue de los primeros en casarse en el DF y hasta sacó su crédito Infonavit de manera conyugal con sus puntos y los de su esposo guadalajaroso). Me volví un poco como León peleador sin ley, acá un Van Dame de primaria. Me peleé con el ese pelos de libro y el otro dientes feos y el gueroso y el orejitas y el otro que me sacó la cátsup con su brazo de yeso y di una patada de giro y sangré de sólo estar peleando mucho tiempo y volví a vengarme el día siguiente para azotar al ese japo sobre su pupitre hasta que le salió sangre y quedó moratoso de su cara de japo y peleé y peleé y peleé.  Otro día el más gordo y golpeador me retó y me aventó contra una pared, lo siguiente fue un golpe mío volado así como volado que le pegó en la nariz y le sacó la sangre; TODOS, todos estaban reunidos alrededor de nosotros y comenzaron a canturrear “y Eze, el mole, y Eze, el mole, y Eze, el mole” y volteé a ver su nariz Ezequielosa que sangraba, lo único que le faltó decir es “siempre me pasa que me salpica la sangre de los otros” acá como Nelson en los Simpson, pero se puso loco de ver su mole saliendo de su nariz y me me me acomodó una lluvia de trancasos y caí en las butacas tratando de cubrirme de los golpes; pero aún así el muy nena que le va al Guadalajara me acusó de que le saqué la sangre. El maestro mandó llamar a mi Dad para darle queja de que era yo un Van Dame-Seiya-Bart hijo del mercenario de peleas clandestinas y que le había pegado a Ezequiel y entonces mi Papito con todo el orgullo de ser mi Dady pudo decirle al jubiloso del maestro “Son niños, Meche” (carita con los lentes acá soy bien chingón y súper chingón). Y Ustedes se preguntarán por qué me eché toda esta historia con un tono bien infantilozo si ya estoy bien verijón, pero es que esto no lo escribo para Ustedes, esto lo escribo para mi Dady que cuando estaba en cuarto de primaria me dijo lo que me dijo para que me defendiera y entonces ahora veo al litle Israel de cuarto de primaria y a mi Papi, Papi del Litle Israel de cuarto de primaria, y puedo decirle de ambos a mi Pa: “son niños, Martín”, hoy lo entiendo, el Papi que ese día habló lo hizo como el niño que un día tuvo que ser su propio Miyagui.

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