SON NIÑOS
Pff, el cuarto año lo cursé en una primaria
diferente a la de tercero. Fue una primaria diferente porque en la que estaba
antes había un niño que todo el tiempo quería pegarme y me amenazaba y y y y, era malo. Que malisimísimo es ser el niño
nuevo y estar solito esperando que uno de los que ya estaba se te acerque. En
serio, fue difilisimísimo ya que todos se conocían y se llevaban bien y yo
llegué a su universo de amigos desde primero de primaria y entonces
inmediatamente me odiaron. Sí, me odiaron, y ellos se llevaban bien y el
resultado fue que todos se unieron y todos me molestaban (aquí va una carita
del whatsapp que está llorando). Cheetos, me cambiaron de una primaria porque
uno me molestaba, a otra donde: TODOS me molestaban. Mis papás optaron por esa
primaria ya que el maestro que iba a impartir mi curso era amigo de la familia;
entonces, luego entonces mi Papi fue y habló con el maestro y le dijo que su
pobre baby sufría y lloraba y llegaba a diario quejándose “Papi, Papi, los
otros niños me molestan y me pegan y me odian y me odian (carita por triple
again)”. Pff, inche maestro, estaba a nada de jubilarse y era un pachorrudo,
buena onda pero pachorrudo y le dijo a mi Papá: “Martín, son niños”. Hijo de la
jubilación (carita roja de enojo del whatsapp). Y pues ya, mi Dady se tragó su
orgullo una vez y varias porque lo mismo me siguió pasando (carita de llanto y
carita de sufrimiento con tristeza). Después de varias veces que mi Pa fue a
tratar de que no me moquearan se cansó de: “Martín, son niños” y me dijo así
como que muy solucionador “mira, si me entero de que te vuelven a pegar y no
metes las manos, yo te voy a partir a gajos tu ma tu ma tu ma”, y entonces
sufrí de verdad, sufrí mucho y sufrí así como un mundo pesado, un mundo de
hombros sobre mi mundo que se volvió pesado y aunque no lo recuerdo debí
decirle que eran muchos y que eran más fuertes y malos. Entonces me proporcionó
la sabiduría Velázquez sobre peleas, algo así como el Sr. Miyagui en el Karate
Kid, pero sin entrenamiento, ni demostraciones, ni filosofía, ni tampoco era
tan sabia, pero a final de cuentas es la sabiduría Velázquez sobre las peleas y
quien dude de su efectividad lo espero al fin de este relato para gajarles su
ma su ma su ma, ¿ok? Y pues que al día siguiente llega el chavito que más me
molestaba y se me para en frente y me
dice no se qué y levanta la cabeza
retándome y hace eso en las narices que los que amenazan hacen y pues ya, me
acobardé como siempre y dejé que se fuera y que se sentara en su butaca y justo
cuando se sentó y volteó sonriente a ver a no sé quién orgulloso de su
gandallés, yo, yo reuní en mi puño derecho toda la fuerza que un niño de cuarto
de primaria puede reunir y corrí hacia el litle cabroncito acá tipo Seiya en
los Caballeros del Zodiaco (que en ese momento estaban de moda y eran hiper
mega la mejor caris del mundo y seguro ganaron uno o mil premios Nobel) y como
si fuera un “dame tu fuerza Pegaso” le sorrajé en su nariz gandalla un
moquetaso que lo dejó sangrando. Ustedes pensarán que eso debió ser un perfecto
estatequieto, pero, remember remember: TODOS eran súper cuates, así que lo
siguiente que recuerdo fue que me encontraba esquinado en el salón sin poder
escapar, rodeado por todos los niños del salón, temblando de miedo porque ahora
no eran sólo los malosos los que me querían gajar mi ma mi ma mi ma, sino
TODOS. TODOS, y me decían no recuerdo que pff, me decían y me decían
seguramente que me gajarían mi parte de ma de ma de ma, y yo allí en la triste
esquina sin poder escapar ya que “Martín, son niños”. Lo siguiente es que uno
de ellos se me acercó con una cadena o unos chacos (estoy seguro que en este
momento ya todos dan por hecho que estaba en una escuela de gobierno, lo cual
es así mil veces cierto), se acercó y se puso a mi lado meneando en infinitos
su artefacto madreador y les dijo a los demás algo así tipo “bueno, ya estuvo,
el que quiera pegarle primero va conmigo” y me dejaron, por ese día. Ese chavo
a quien después de la primaria no he vuelto a saber de él también se llama
Martín, y verdad de Dios nunca pude romperle su máiz, porque después de ese día
mi estancia en la primaria se volvió un darme en la ma en la ma en la ma con
todos, incluyéndolo. De verdad o de juego me peleé con todos (excepto con el
más ñoño que no rompe mi relato ni se vuelve una excepción porque estoy seguro
que a estas fechas es un gay hiper declarado y fue de los primeros en casarse
en el DF y hasta sacó su crédito Infonavit de manera conyugal con sus puntos y
los de su esposo guadalajaroso). Me volví un poco como León peleador sin ley,
acá un Van Dame de primaria. Me peleé con el ese pelos de libro y el otro
dientes feos y el gueroso y el orejitas y el otro que me sacó la cátsup con su
brazo de yeso y di una patada de giro y sangré de sólo estar peleando mucho
tiempo y volví a vengarme el día siguiente para azotar al ese japo sobre su
pupitre hasta que le salió sangre y quedó moratoso de su cara de japo y peleé y
peleé y peleé. Otro día el más gordo y
golpeador me retó y me aventó contra una pared, lo siguiente fue un golpe mío
volado así como volado que le pegó en la nariz y le sacó la sangre; TODOS,
todos estaban reunidos alrededor de nosotros y comenzaron a canturrear “y Eze,
el mole, y Eze, el mole, y Eze, el mole” y volteé a ver su nariz Ezequielosa
que sangraba, lo único que le faltó decir es “siempre me pasa que me salpica la
sangre de los otros” acá como Nelson en los Simpson, pero se puso loco de ver
su mole saliendo de su nariz y me me me acomodó una lluvia de trancasos y caí
en las butacas tratando de cubrirme de los golpes; pero aún así el muy nena que
le va al Guadalajara me acusó de que le saqué la sangre. El maestro mandó
llamar a mi Dad para darle queja de que era yo un Van Dame-Seiya-Bart hijo del
mercenario de peleas clandestinas y que le había pegado a Ezequiel y entonces
mi Papito con todo el orgullo de ser mi Dady pudo decirle al jubiloso del
maestro “Son niños, Meche” (carita con los lentes acá soy bien chingón y súper
chingón). Y Ustedes se preguntarán por qué me eché toda esta historia con un
tono bien infantilozo si ya estoy bien verijón, pero es que esto no lo escribo
para Ustedes, esto lo escribo para mi Dady que cuando estaba en cuarto de
primaria me dijo lo que me dijo para que me defendiera y entonces ahora veo al
litle Israel de cuarto de primaria y a mi Papi, Papi del Litle Israel de cuarto
de primaria, y puedo decirle de ambos a mi Pa: “son niños, Martín”, hoy lo
entiendo, el Papi que ese día habló lo hizo como el niño que un día tuvo que
ser su propio Miyagui.


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